lunes, 23 de noviembre de 2015

LA IDEOLOGÍA EN LA SOCIEDAD DE CLASES Y LA NOSTALGIA DE “EL ÚNICO”

LA IDEOLOGÍA EN LA SOCIEDAD DE CLASES  Y LA NOSTALGIA DE “EL ÚNICO”
Una reflexión ante las elecciones internas, la unidad de acción y nuestras bases ideológicas.

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    Carlos Marx y Federico Engels ya nos aclaraban que “En una sociedad de clases, predomina la ideología de la clase dominante”  en el importante documento “La ideología Alemana” allá por 1845.
        Sabemos que los cambios en los modos de producción (resumiendo) traen aparejados cambios ideológicos en las clases en pugna, ya que en los nuevos modos de producción solidifican nuevas clases sociales. En consecuencia, la ideología que permanece en las grandes masas dominadas (pero con la matriz ideológica de las clases dominantes en sus cabezas) se va transformando al propio ritmo de la Dialéctica. Estamos hablando de contradicciones en épocas determinadas y su correspondiente respuesta ideológica, junto a la permanente evolución de los “contrarios”, el motor que impulsa los cambios.
        Sin embargo los mencionados cambios en los modos de producción hasta hacerlos predominantes, no se realizan de un día para otro, ni en una década. En consecuencia, las transformaciones en las cabezas de las grandes masas no tienden a estabilizarse de un siglo para otro, hoy sabemos que lleva más tiempo algunas veces.
        En nuestro caso, Uruguay, hace muy poco el estado republicano anduvo proclamando un par de siglos de vida (200 años de independencia republicana no es tanto tiempo), naciendo a la luz de las luchas independentistas de la región, en las que no faltaron algunos afamados caudillos revolucionarios que en sus documentos reflejaron cierta admiración política hacia el emperador Napoleón Bonaparte, o varios caudillos miembros de importantes logias que intentaron (y lograron) independizarnos de la colonia española... para  “encaminarnos” en el moderno neo colonialismo británico y luego Norteamericano. Ellos fueron parte de una sociedad de clases que se transformaba en dimensiones planetarias, y en cuya etapa de cambios aun estamos inmersos.
        Si a alguien le cabe alguna duda de la certeza de las conclusiones a las que intentamos arribar, les recordamos que en nuestra querida patria (cada 5 años) cuando asumen nuestros Presidentes de la República se llenan las calles de nuestras ciudades con actos masivos y la noticia del día conmueve a las grandes mayorías “¡Hay un nuevo presidente!”. Pero el día que asume el parlamento (órgano republicano por excelencia) si bien hay algún acto interesante y se transmite en algunos medios, este día tan democrático y representativo no le llega ni a los talones, en lo que refiere a respuesta de masas, si lo comparamos a aquel día de la asunción del nuevo portador del listón en el pecho. Un solo individuo que resume nuestro concepto de gobierno, aun en las cabezas de ciudadanos izquierdistas, en la sociedad de la que formamos parte.
        “El único”  huele a trono en algunas escarapelas y nuestras cabezas repiten una y otra vez las tesis de los fundadores del marxismo: “En toda sociedad de clases, predomina la ideología de la clase dominante.”
        ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestro actual momento político? Mucho.
        Hace ya bastante tiempo, promediando los años 50, el movimiento marxista leninista  latinoamericano y particularmente en Uruguay (que bastante resistencia tuvimos en el ámbito internacional) comenzamos una etapa de análisis y actualización, fruto de un científico estudio de las realidades nacionales de acuerdo al método marxista. Fue cuando el monopartidismo del sacro santo comunismo europeo de comienzos de siglo 20, fue puesto en duda como “única receta a aplicar” en la presente etapa y en la realidad geopolítica donde se desarrollaba esta parte del imperialismo. Fue cuando la unión de la izquierda tan diversificada, fruto de la guerra fría, el nuevo rol de los medios masivos de comunicación y la estratificación social del “patio trasero de los EEUU” fue el objetivo fundamental para elaborar una tesis sobre las “vías de aproximación al Socialismo”, aprovechando la legalidad de la Democracia Burguesa, con los debidos recaudos que V. Lenin nos dejara marcados, en aquel esclarecedor material “DOS TACTICAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN LA REVOLUCION DEMOCRATICA” de 1905.
“¿Qué importancia tiene el gobierno provisional revolucionario en la revolución presente y en la lucha general del proletariado? La resolución del Congreso lo explica, indicando desde el comienzo la necesidad de la "libertad política más completa posible", tanto desde el punto de vista de los intereses inmediatos del proletariado como desde el punto de vista de los "objetivos finales del socialismo". Es necesario desde el punto de vista lógico y de principio, pues el proletariado, como combatiente de vanguardia por la democracia, trata de alcanzar precisamente la libertad completa”  V.l.L.
        Fue en aquellos tiempos (no en los que escribió V. Lenin, sino volviendo a los 50’,en los tiempos de R. Arismendi) que se vislumbró el eje central que guiaría como brújula el análisis y los pasos a dar en función de las contradicciones del momento: La creación del Frente Izquierda de Liberación, luego el Frente Amplio, y no podemos olvidar aquel histórico Congreso del Pueblo, donde el variado entramado de la sociedad acuñó su propio programa de cambios, y siguiendo en el campo social, la unificación histórica del Movimiento Obrero en la Convención Nacional de Trabajadores. Al respecto nos pudiera parecer obvio escuchar de la realidad histórica que nos rodea, como una lectura inútil, pero a veces los olvidadizos o desinformados revalorizan nuestra realidad conquistada con tanta dificultad, cuando cruzamos nuestras fronteras político nacionales y los gremios e izquierdas del mundo nos preguntan asombrados “¿Cómo pudieron lograrlo?”. Fue mucho más difícil de lo que muchos hoy se imaginan cuando juegan con fuego en el terreno de la unidad.
        ¿Cuál es la conclusión que implican estas premisas?
        Si volvemos a tomar en cuenta que la asunción presidencial tiene más rating que un clásico y la asunción del republicano Parlamento congrega menos masas alrededor del Palacio de la República que un paro parcial de taxidermistas, vemos más claro aquello que “nadie es independiente de la sociedad de la que es parte”. Porque crujen las teorías cuando vemos muchas veces a militantes de izquierda, quienes sinceramente luchan por un mundo mejor, discutiendo “a muerte” por los súper candidatos que intentarán sentarse en el sillón presidencial, lejos de equilibrar la discusión con los tan importantes temas programáticos, organizativos, los objetivos políticos-históricos y la integración del Parlamento fundamentalmente. Es cuando arrastramos inevitablemente el fardo sociológico de etapas viciadas del capitalismo, aun con tintes feudales donde el “único gobernante” es quien representa a la gestión y es en él donde comienza y termina el gobierno. Y por esta desviación ideológica con olor a galeón  se concentra desmedidamente la energía de la lucha ideológica, únicamente y por encima de todo sobre el debate de “el único”.
        Es por eso que vemos por todos lados a camaradas, ex camaradas y otros compañeros en cólera dictaminando pública y peligrosamente de “aliados del imperialismo” “traidores”, “esclavos del FMI”  y otros tremendos apelativos a compañeros que desde nuestra misma trinchera en todos los niveles de la lucha de clase, discuten el rostro que mostrarán los afiches con que empapelaran los viejos y queridos pegatineros y las tecno mediáticas campañas que vendrán. Desde cada nivel de lucha, que el pueblo organizado intentará alcanzar un tercer gobierno para la coalición multi-clasista que “amanecidamente” soñamos hace más de 60 años en aquel 16 Congreso que nos impulso hasta estos tiempos y que hoy nos tocará re-elaborar para el futuro, en lugar de auto fagocitarnos en la ceguera de la confusión.
        O en la nostalgia del desbalanceado encare de “el único”, aquel del listón en el pecho y el solemne sillón, como si ahí comenzara y terminara la revolución, o como si el compañerismo y la unidad de acción no inspiraran nuestras ideas más elevadas.
Guillermo Bernengo, diciembre 2013

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